Duro documental en el que se enseñaba cómo los niños colombianos de la población de Pereira reciben un pago de unos 50 euros para matar. Cuatro ha quitado el vídeo tras saberse que los medios colombianos han denunciado que se compraron falsos testimonios de niños, además de exponerlos a un alto riesgo.
Tras la emisión de este reportaje, el diario de Otún, prensa local colombiana, acusaba a Cuatro de que es un burdo montaje: la Alcaldía de haber realizado un “burdo montaje basado en entrevistas amañadas y testimonios mentirosos”. La cadena ha retirado de su página web el vídeo del reportaje.
Jon Sistiaga recorre en un largo reportaje, que se emitirá en dos entregas, la geografía de la violencia narco. Tijuana es sólo un ejemplo de lo que está pasando en México. Los narcos de los diferentes cárteles de la droga se están enfrentando entre sí por el control territorial y las rutas que llevan la cocaína hasta los Estados Unidos.
Es una guerra de exterminio. Una lucha feroz por el dominio de los mercados que sólo acabará con el aniquilamiento del adversario. Ejecuciones múltiples, de diez en diez o de veinte en veinte, en decapitaciones, en mutilación de genitales, en una espectacularización de la violencia para generar temor en el adversario…
El reportaje de Jon Sistiaga analiza las claves de esa violencia estructural que lleva años sacudiendo México y que parece haberse desbordado en los últimos meses. La cámara de Cuatro entra en las prisiones mexicanas, retrata las misas negras dedicadas a la Santa Muerte, la patrona de los narcos, visita los mausoleos donde se entierra a los grandes capos o graba con crudeza una balacera entre sicarios y soldados que acabará con seis muertos. La segunda entrega del reportaje Narcoméxico está estructurada como una road movie para retratar los escenarios del conflicto.
Un reportaje que muestra lo más íntimo de los soldados destinados en Irak: sus miedos, sus fobias, sus tropelías, sus equivocaciones. Desde los cadetes recién incorporados que sólo quieren matar insurgentes, “malos” como ellos los llaman, a veteranos hartos de una guerra sin sentido que mutila soldados en un goteo continuo.
Sólo los oficiales se sienten más libres ante la cámara de Sistiaga para reconocer que la guerra va muy mal. Que nunca se supo lo que se iba a hacer después de derrocar a Sadam Hussein, y que todavía morirán muchos soldados antes de que Estados Unidos abandone el país.
Un reportaje vigoroso, atrevido y comprometido en uno de los lugares más peligrosos del planeta.
En este documental Jon Sistiaga se adentra en la América profunda para mostrarnos como a pesar de las periódicas matanzas que ocurren en los institutos americanos, los padres se gastan miles de dólares en un campamento donde sus hijos aprenderán a hacer lo que ven en los violentos videojuegos con los que pasan el tiempo en sus casas.
“Aquí no necesitamos psiquiatras ni divanes. Aquí tenemos armas automáticas, eso si es una buena terapia…” dice uno de los organizadores del festival de la metralleta en Knob Creek, Kentucky. El reportero que ha visto escenas parecidas en Irak o Afganistán se queda perplejo al ver cómo niños de muy corta edad saben disparar un M-16 o desmontar una Uzi israelí. Muchos de estos niños escriben su carta a Santa Claus incluyendo en su lista la última versión de su arma favorita.